lunes, 28 de agosto de 2017

Helado de limón

Ingredientes:

300 ml de leche entera
200 ml de nata para montar
135 g de azúcar
3 trozos de piel de limón
125 ml de zumo de limón
1 c/s colmada de miel

Preparación:

En un cazo calentamos la leche, la nata y el azúcar junto a las pieles de limón, evitando la parte blanca porque amarga. Cuando hierva, apartamos del fuego, colamos y reservamos. Añadimos la miel y removemos. Dejamos enfriar dentro de la nevera durante unas 4 horas.

Añadimos a lo anterior el zumo de los limones, removemos y vertemos en el cuerpo de la heladera. 

Es necesario que la heladera haya estado en el congelador un mínimo de 24 horas y la pongamos en marcha antes de verter el helado. La mantenemos mantecando sobre 1 hora aproximadamente.

Colocamos el helado en un recipiente hermético y lo llevamos al congelador. Alrededor de 6-7 horas después, tendrá la textura adecuada.



miércoles, 16 de agosto de 2017

PAÍS VASCO






        
Mi viaje al País Vasco se merecía una entrada en Algo se cuece. No solo por la gastronomía, sino por muchas otras cosas.

De entrada, el paisaje ya llama la atención al viajero, y más si vienes de esta zona seca y poco poblada de la que provengo. No pasan ni dos horas en el País Vasco cuando comprendes la razón del color verde, predominante allá por donde mires. Me refiero evidentemente al zirimiri (la típica lluvia fina) que nos ha acompañado sin tregua durante todo el viaje

Vitoria


Azkoitia

Getxo



Pasaia
 
Mundaka

Por mi experiencia, da igual la época en la que decidas viajar a este país, tarde o temprano y sin previo aviso -más bien temprano que tarde- aparecen esos nubarrones que descargan sin piedad. Y de repente, sin apenas darte cuenta, aparece tímidamente el sol que seca rápidamente lo estropeado por el agua. En cuanto a la temperatura, fresca para ser pleno mes de agosto. Mi conclusión es que, o bien te aficionas al surf, o no pisas playa en todo el verano. Por cierto, playas muy bonitas; lástima el poco uso que se les puede dar.

Biarritz

Donostia


Las tres capitales, cada una a su estilo, tienen un encanto especial que nunca deja de sorprender. Mención especial merece la visita al museo Guggenheim de Bilbao, tanto por su peculiar estructura interior, como por su colección permanente y las muestras artísticas itinerantes. En las calles de muchos pueblos, bonitos a más no poder, cuya construcción ha mantenido y respetado la altura en edificios y casas, con sus puertos y sus barcas de colores, llama la atención las paredes llenas de pintadas que piden la amnistía, la libertad o el acercamiento a su tierra de los presos que cometieron la barbarie y que aún todos tenemos muy presente. Dolor que solo el tiempo conseguirá borrar de las paredes pero no de millones de corazones rotos. Por cierto, recomiendo la lectura de Patria, de Fernando Aramburu, libro que devoré y acabé de leer un día antes de emprender este viaje. No pude evitar reconocer en algunas personas las caras de sus protagonistas, los lugares, las pintadas, la manera de hablar, el carácter afable pero de mirada escrutadora... Imprescindible su lectura, sencilla, amena y totalmente pedagógica, de una época que nos marcó a todos.

En cuanto a la gastronomía, benditas barras repletas de pintxos, palo largo, palo corto, imposible decidirte por uno solo. Predominan las gruesas tortillas rellenas de lo que sea, a veces incluso mezclando producto cárnico con pescado, riquísimas todas. Pimientos verdes y rojos suelen aparecer en muchos. Hermosas croquetas, de variados rellenos. De igual manera no falta el jamón, ese jamón tan nuestro que es bueno en todas partes. Todo ello regado con un buen txacolí, cerveza bien tirada y fresca, un mosto o un buen tinto para los incondicionales.





En estos momentos siento la nostalgia habitual que te produce ver las instantáneas de las situaciones vividas allí durante el breve viaje, pero sin otro deseo que el de volver dentro de otros diez años, por ejemplo. Y seguir pensando que, a pesar de haber nacido en una ciudad fea, su clima, el que me permite disfrutar de la playa y el mar Mediterráneo alrededor de cuatro meses al año, me compensa con creces. ¡Ah! Y nunca pensé que lo primero que cocinaría después de nueve días sin tocar los fogones, sería una ¡paella!. Lo cual me da que pensar que estoy arraigada a la terreta y que esta tira mucho.

Un brevísimo resumen en imágenes. ¡Aúpa, País Vasco, Eskerrik asko!


Bilbo